martes, 30 de mayo de 2017

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RETRATO DE LAS ABUELAS

Instalación performática en representación de la puerta, adoptable como salida pero más concebida como entrada a un ámbito doméstico agresivo. Una crítica a la violencia machista nacida de las raíces de generaciones pasadas, vigiladas bajo el filtro familiar, del hogar y de la iglesia.

-Primer día: Se componen los objetos encontrados extraídos del vertedero más cercano de la zona. De forma unidireccional y muy esquemática se plantea un orden estricto (silla, puertas y palé y, por último, tabla) usando las rocas como soporte.
-Segundo día y tercer día: Se le permite al público interferir en la pieza artística descolocando sus partes, variando el orden preestablecido, destrozarlo, lanzarlo… cualquier acción a excepción de expropiarlo o quemarlo. Dicho proceso ha de ser realizado, además sin ningún tipo de herramienta, de forma íntegramente manual.
-Cuarto día: Con las piezas restantes, se reestablecerá de nuevo cierto orden improvisado para posteriormente realizar la acción pictórica sobre las puertas y/o la tabla. Se les aplicara en primer lugar cinta para garantizar cierto espacio negativo sin pintar. Más tarde, se rociará con spray una de las caras del objeto de forma uniforme. Tras ello, se repite el proceso de la cinta. Entonces, se le aplicará con la brocha la tempera o acrílico rojo trazando una enorme cruz. Por último, se alternara spray y dripping con el objetivo de generar texturas de manera experimental y en gran medida accidentada con muchas capas.
-Quinto día: Se le prende fuego intencionadamente a la pieza, apoyándose en las partes totalmente deshechas por el segundo y tercer día. El propio humo y la madera quemada incrementan la coexistencia de texturas adhiriéndose un matiz nuevo al aspecto pictórico. Una vez quede una sola parte del “circuito” que supone la obra, se menguara la llama con el empleo de la arena o tierra sin llegar a apagarla. Mientras arde, se procederá con el permanente a hacer marcas. Ya disipada la llama, la apariencia física restante pasa a ser considerada la pieza finalizada y permanente, sin demás modificaciones, quedando además el añadido registro documental del proceso que, mediante el medio audiovisual, ha quedado grabado en fotografía y vídeo.

De forma genérica, planteo mi experiencia y visión personal acerca de la figura de la mujer bajo el prisma doméstico y el filtro religioso tan arraigado e introducido en el ámbito social que se genera un autoboicot femenino en muchas ocasiones. De generación en generación, se ha traspasado este dogma del ideal en la vida privada como refugio seguro muy individualista. Su labor se concibe como hacer el bien dentro de los límites del hogar y es lo que simboliza este triángulo-la forma más estática- hecho por dos puertas.
Yo, únicamente como espectador, planteo mi propia presencia, y la de cualquiera que se introduzca en la síntesis de “retrato de las abuelas”, desde el asiento. Digamos que es el punto de partida para la lectura cronológica, si cabe decir, de la obra.
Ajena a su desarrollo, la silla es expectante de la vida de las ancianas, muchas de ellas maltratadas en un plano social aceptado. No hay un diálogo directo entre este objeto y el resto, simplemente es el punto de vista del que observa sin intervenir.
En ese recorrido unidireccional se ve, atravesando las ventanas sin cristal de las puertas, una cruz que marca la tabla de planchar. Nos introducimos en la rutina de una mujer eclipsada por una cruz que escupe falsos dilemas éticos y morales. Básicamente, consiste en una celda cuyas rejas son teológicas: no físicas.
Y detrás de la cruz, se observa el fin predestinado que se impone: una vida como un mueble más de las casas, funcional meramente en el sentido menos intelectual, en definitiva, menospreciada, en baja estima. La figura de la plancha es, a mi parecer, el objeto más impactante del conjunto por el aspecto fríamente paródico. Simboliza la tumba, una muerte que no será recordada, en principio, por la carencia de éxitos personales expuestos en el ámbito público. Una lápida que ridiculiza el concepto de la mujer que cuida al hombre, a su familia…
Llegados a la fase pictórica, los colores retoman ciertas connotaciones nacionales y, de nuevo, insistencia en la raíz religiosa del problema. Y es que es el propio estado y la propia religión las que, mediante leyes y la creación de vías por las que circulan las masas, delimitan las acciones de cada persona. La plasticidad, irregularidad de las formas, lo esporádico y experimental de las puertas exponen la inestabilidad de este régimen y de la iglesia y sus demencias psicológicas heredadas. Por eso, tras la quema de la composición dejando restante una pieza, se antepone la controversia: es esta nuestra herencia o algo que nosotros mismos regeneramos. La naturaleza de estas vías es autodestructiva, y mientras se suman episodios de maltrato, unos se superponen sobre otros, quedando como simples estadísticas. Números que en muchos casos no serán recordadas por su nombre, repitiendo de forma cíclica este autosacramental. Con el trazo de una aleatoria cifra de hipotéticos incidentes expongo este olvido, este procedimiento mediático y burocrático que, de forma ridícula, carece de significado.











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